La muerte

No sabría explicarlo —y tampoco sé si también le pasa a usted—, pero pienso a menudo en la muerte. Lo hago no para martirizarme, sino todo lo contrario: tal como nos lo aconseja Plutarco o Marco Aurelio (además de las culturas mesoamericanas, que ofrecen todo un caldo de cultivo al respecto), aprender a sobrellevar la certeza de la muerte es una de las más grandes lecciones de humildad que recibiremos en la vida.

Creo, por supuesto, que no es normal pensarla a diario y creo que quien sí lo haga debe tener algún motivo en particular, alguna voz metafórica que necesite controlar. Al fin y al cabo, la muerte es uno de los grandes motivos del arte. Además, hay que añadir a eso que las experiencias cercanas a la muerte han despertado nuestra imaginación, y han permeado nuestra visión de la realidad y de la vida durante siglos. Podemos encontrar relatos en todas las culturas, mitos, religiones y literaturas. Sería un infinito sinsentido comenzar a enumerar.

Uno piensa en experiencias cercanas a la muerte y lo asocia con la clásica escena de caminar en un túnel hacia la luz. O bueno: hay muchos que cuentan que la luz se aparece justo al momento de morir, sin siquiera ver un túnel. Pero otras culturas también nos hablan de perderse en el bosque, cruzar un puente, hundirse en la oscuridad de una cueva, lanzarse desde un lugar alto y caer en la inmensidad de un mar, abrir los ojos y despertar convertido en un nuevo ser, cruzar el río en una barca en la que incluso pagaremos con dos monedas, elevarse al cielo y ver las regiones celestes, traspasar una roca gigantesca como si esta fuera un portal, cruzar el túnel hasta encontrarse con un abismo… existen miles de variantes sobre las creencias de las experiencias directas de la muerte o cercanas a esta. Y todo indica que esa visión final estará influida por nuestra cultura y concepción del mundo.

En la literatura y la mitología contamos con grandes épicas. Ir al Hades o al Olimpo y volver, o pasar por los círculos del Infierno hasta llegar al Paraíso. Viajar al Inframundo o al Valhalla. Naturalmente, la idea de poseer conciencia después de la muerte es una incertidumbre y al mismo tiempo una certeza religiosa, casi una esperanza, que sostiene a la mayoría de la humanidad, aunque hasta la fecha ningún relato de experiencias cercanas a ella sean lo suficientemente convincentes. En el rigor más absoluto, no sabemos qué es lo que sigue: así de contundente, así de lapidaria.

Es decir, todo apunta a que incluso en el segundo anterior a la muerte, con toda probabilidad, lo más seguro es que también se trate de una experiencia individual, que en poco o nada se parecerá a la de nadie más. Nadie sabe con una verdad inequívoca qué es lo que sigue después de este pellejo en el que estamos atrapados y que usted ahora mismo podría presionar con sus manos, para recordarse la sensación de realidad, la sensación de estar vivo.

Desde testimonios de lo que se ve al otro lado, hasta el hecho de no haber visto ni sentido nada, quienes han tenido muerte clínica y han vuelto nos cuentan toda clase de experiencias, que varían incluso según la religión, visión espiritual o percepción racionalista. Unas son benignas y esperanzadoras y otras resultan traumáticas para quienes las han vivido. Y todas coinciden en que, tras la experiencia, lo usual es que jamás vuelven a temerle a la contundencia definitiva de la poderosa muerte.

(Ahora que lo pienso, ¿quién escribió aquello de: “Una persona muere dos veces: cuando da el último respiro y cuando alguien dice su nombre por última vez”? A lo mejor es la frase de un personaje de alguna película… en fin… no lo recuerdo…)

Todo en el universo tiene una edad productiva. Es decir, hasta los primeros astros que fueron testigos del Big Bang de seguro ahora son un polvillo estelar, perdido en el infinito. Incluso un día el efecto entrópico dejará de ser. A comparación de tan inimaginable estado de sucesión en el tiempo, usted y yo apenas somos un segundo, un infinitesimal instante en la imaginación de un ser cósmico inescrutable.

Por eso no descreamos tanto de esas tarjetitas cliché motivacionales o de tantas frases X que nos encontramos en Twitter: nunca sabremos cuándo podremos abrazar o besar a alguien, nunca sabremos cuándo disfrutaremos una última sonrisa. Y por supuesto, la vida es demasiado corta como para estárnosla haciendo de puñetas. Y esta lección va para mí, que soy tan pesimista en tantas y tantas cosas.

Y bueno…

De todos modos, volviendo al punto, no todo es prueba positivista o análisis en frío. Lo cierto es que ni comprendemos todavía todo lo que pasa en nuestro cerebro, al igual que tampoco comprendemos por completo todo esto que llamamos vida, en la máxima expresión de su complejidad conceptual. Ni la vida fuera de nuestra frontera respiratoria, ni la vida más pequeña que hemos ignorando durante el 99.97 % de nuestra existencia como especie.

Es por eso que la discusión, la reflexión, la imaginación y la generalísima percepción ha durado siglos y seguirá presente entre racionalistas y espirituales, hasta que quizá nos toque en principio aceptar lo más difícil, la premisa más evidente de todas, pero que ignoramos casi todo el tiempo, porque no es algo en lo que nos guste pensar: ya sea a la vuelta de la esquina o porque toque un largo camino, en algún punto estará esperándonos la ineludible y poderosa muerte.

2 comentarios en “La muerte

  1. Hola Edwin, qué tema el que tratas. Ríos y ríos de tinta han corrido para intentar abordar la cuestión, y se sigue haciendo. Me ha gustado mucho este párrafo: “A comparación de tan inimaginable estado de sucesión en el tiempo, usted y yo apenas somos un segundo, un infinitesimal instante en la imaginación de un ser cósmico inescrutable.” Lo encuentro muy poético y es en algo que reflexiono a menudo. ¿Qué es nuestra vida en comparación con las de las estrellas? Creo que reflexionar sobre la muerte es algo lógico y natural, cada cultura tiene su visión. En todo caso no lo veo como algo negativo y de temer, a mi parecer es peor la agonía y el sufrimiento. Como decimos en mi casa “Hasta ahora nadie ha vuelto para quejarse” sólo espero que no sea como en la película de Beetlejuice y haya que estar en una sala de espera, donde sacas un número hasta que toque el turno…ojalá la burocracia sólo se de en vida y no nos persiga más allá XD.
    Y respecto a las frases de las redes sociales son tan clichesudas que se ignoran, porque te bombardean con frasecitas así para tooodo. Siento que las palabras y los sentimientos han perdido fuerza, escudados detrás de una frase vacía sacada de internet.
    Pero volviendo al tema, la muerte también recuerda justamente que nada es eterno, que algo que das por sentado que siempre va a estar allí un día ya no lo estará y más nos vale tenerlo presente para no arrepentirnos después (ohhh, me ha quedado como la sentencia de un juez)
    Y cambiando radicalmente de tema, pero aprovecho para escribirlo por aquí, he escuchado tus podscasts en soundcloud, tienes buena voz para narrar. Saludos 🙂

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    1. Ahora que lo pienso, dejé fuera eso de que la vida solo tiene sentido porque muy en el fondo sabemos que la muerte acecha. Es un cliché muy de nuestro tiempo, aunque sé que es algo que se pierde en el tiempo. Es decir, por aquello de que si fuéramos eternos, quizá nos aburriríamos de hallarle sentido a todo, tarde o temprano. De todos modos no podemos saberlo, porque nadie es eterno y ha venido con sus 10,000 años en la espalda para contarnos lo aburrida de su existencia jajajajaja…

      Gracias por pasar y gracias por escuchar los audios de SoundCloud. ¡Saludos! 😀

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