“Por favor, detente en la próxima estación”, de Yanira Soundy

Tú en mis brazos y en tus ojos el ardor de mis sentidos. El majestuoso tren corre aprisa buscando el valle de la vida. No me dices nada. Yo tampoco hablo. Aprendo de memoria tu cuerpo y de todo emerge un algo profundo. En la ventana miro volcanes, cafetales y cañales que cortan el horizonte. Me besas como nunca alguien me ha besado antes. Yo en tus brazos y en mis labios un “si” envuelto en llamas. Me amas con un amor que brota agitado y fuerte. Pasajero del tiempo de una vida más plena, donde el corazón es el silbido de una locomotora en marcha. Amor de brasas. ¡Cuántas cosas hermosas dice el hombre cuando ama! ¡Cómo sabe contar historias desmadejando palabras! Así las noches en el tren. Las mujeres reían de cuando en vez con sus risitas inquietas, los hombres tomaban y charlaban. Algunos ponían gestos sombríos después de despedirse de sus mujeres en las estaciones. Artistas, bohemios, familias enteras, todos en un susurro de voces distantes.

Azota el viento de la mañana, ha terminado nuestro viaje. Una pena oculta se derrama en lágrimas. Te miro arropado entre las sábanas mientras escapo de puntillas en silencio. Bajo del tren con la esperanza de poder destrenzar tu recuerdo, pero las estaciones y los trenes me quiebran como vidrio y solo vienen días tristes. Amor de brasas, miro el cielo y lloro. Hoy las estrellas me hablaron de tu nombre y el silbido de las locomotoras lloraron por tu ausencia. Te fuiste con la tarde —una tarde cualquiera— y tu recuerdo hoy naufraga y se prolonga, se deshace en el humo y nace nuevamente eterno.

Has quedado grabado para siempre, eternizado en un vuelo de pájaros primaverales.

En cada estación se ha quedado algo nuestro, en las despedidas, en los ojos, en nuestras bocas. Viene el misterio de la ausencia. Los días y las noches, las horas y segundos sumidos en una silla de vagón, mientras pienso en todo lo que he dejado atrás. ¿Sabes? Nuestras vidas son como los ferrocarriles, con sus cuerpos vagabundos, que rompen los silencios y los montes. Hemos vuelto una y otra vez a los rieles sin consuelo de nuestros corazones errantes y las noches escapan mudas, asombradas y solas. En cada estación se ha quedado algo nuestro, en las palabras, en la voz, en nuestras manos. Hemos sido ríos en la sierra y espuma eterna dentro de los mares. Pero hoy, tú vas a las ciudades, yo a los montes. Tú caminas lejos de la inquietud de los velámenes, yo hundo mi rostro en las corrientes de los aires. Tú te pierdes al norte, yo voy al sur. Tú persigues a las gaviotas, yo busco la sombra en los manglares. ¿Pienso en si volveremos algún día a encontrarnos? Sin el dolor de lo imposible ni el cansancio al no perdernos. Lejos de esta vida que se escapa indefinidamente, donde mis oídos no cesan de buscarte en cada silbido de las locomotoras y en cada fogonero que curva el horizonte. ¿Olvidarás mi rostro, mis campos, las montañas, los ríos y mi olor a pena y lluvia? No sé. Yo, sigo pensando en ti . En tu recuerdo que cae, se resbala y me acaricia. En el deseo que llega largamente a disfrazar mi tristeza entre otros brazos. Y regresas… Me dices que nos detendremos en otras estaciones, con otros suspiros en el pecho, otra fogocidad, otro deseo. Estaciones de fuentes y risas en los labios. Estaciones secas y de nidos desiertos.

Pero se alejan los sueños y nuestras vidas se vuelven trenes que mueren poco a poco.

Y te marchas…Y mientras tú vas al sur, yo vuelvo al norte. Tú descubres las arenas y los collares de espuma. Yo siembro la tierra . Tú te precipitas en los arroyos, yo nado en la luz de las estrellas. ¿Pienso en si volveremos algún día a encontrarnos?

Y casi sin voz, huyo entre dos paralelas negras, aterida por el frío y la soledad. Amor de estaciones, despedidas y contornos extraños. Vivo aguardando el milagro de coincidir contigo en las vías de algún tren y poder amarte al fin sin más cadenas. Los brequeros agitan sus lámparas verdes y rojas, y los árboles elevan sus brazos hacia las estrellas.

He olvidado mi equipaje y mi boleto dentro de tus dudas y hoy te digo hasta pronto en la distancia.

¡Por favor, detente en la próxima estación!

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